Adaptarnos al cambio climático es, para nosotros, tan urgente o más que mitigarlo

Ricardo Radulovich

 

En medio de tanto que se habla y negocia sobre el cambio climático, cabe preguntarnos ¿qué debemos hacer nosotros? A menudo se lee respecto a la “carbono neutralidad” y la “descarbonización” de la economía, como si la acción de mayor urgencia para nosotros como país y como individuos fuera la mitigación, es decir, la reducción en la emisión neta de gases invernadero, que se logra reduciendo las emisiones totales y aumentando los sumideros como son los bosques.

Sin embargo, considerando que un país pequeño y de pocos recursos como Costa Rica produce solamente alrededor del 0,02 % de las emisiones netas del mundo, el que el país alcanzara la carbono neutralidad no tendría en realidad efecto alguno sobre el cambio climático ni sobre sus efectos. Hay, por supuesto, otros beneficios que traería llegar a ser carbono neutro, incluso en ser el primer país en lograrlo, como el acceso a mercados, venta de bonos de carbono y fomentar reputación.

Pero la mera persecución de oportunidades económicas y políticas, a menudo envueltas en el manto de la “teología verde”, peca en dejar por fuera la otra cara de la moneda del cambio climático, que es la gama de efectos negativos que ya se están sintiendo y que son precisamente la causa de alarma ante el fenómeno. Por ello, sin ignorar deberes y beneficios de la mitigación, sin importar para ello lo que haya decidido al respecto el mundo en París, por bueno que resulte el acuerdo, está claro que no se va a detener el cambio climático, al contrario, aumentará, y es menester prepararnos para enfrentarlo y para recuperarnos de sus efectos negativos.

Por eso es necesario resaltar e implementar la adaptación al cambio climático, que aunque no se ha quedado por fuera de los planes y acciones nacionales, ni del acuerdo de París, se oye todavía muy poco en comparación con la mitigación y esto debe ser por lo menos balanceado. ¿Cuánto? Mínimo a un nivel en que cada persona sepa que al cambio climático no solo hay que detenerlo sino que también hay que enfrentarlo para disminuir sus efectos, y que actúe consecuentemente.

Antes de seguir es importante destacar que los efectos de la mitigación se diluyen globalmente. Para un nivel de cambio climático que se esté dando, no hay ninguna ventaja ante sus efectos el hecho de que un país o una región o un hogar sea carbono neutro. Los gases se esparcen por la atmósfera y no se acumulan o desacumulan sobre un lugar ya porque produce más o menos gases invernadero. Por otro lado, los beneficios de la adaptación sí se quedan en donde esta se implemente. Por ende, dado cualquier efecto del cambio climático, sean lluvias intensas o sequía, o un huracán, o incremento en el nivel del mar, lo único que atenúa el daño que esto puede causar es la adaptación.

Por ello, y viendo que el cambio climático crece, la mayor o primera responsabilidad de un país pequeño, de pocos recursos y baja generación de gases, por lo demás muy susceptible a desastres naturales y a la influencia de dos mares, yace en fomentar a todo nivel las dos estrategias de la adaptación, que a menudo se encuentran íntimamente ligadas. Estas son disminuir la vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático y aumentar la capacidad de recuperarnos ante ellos, lo cual se conoce como resiliencia.

Esta adaptación ante el cambio climático debe partir a nivel de cada individuo y familia que se prepara en lo más básico ante la posible incidencia de eventos climáticos extremos, y pasa por todos los sectores como agricultura, biodiversidad e industria hasta repercutir en los más altos niveles de organización social, sea el gobierno nacional y la idiosincracia misma de país. Adaptarnos, o sea tomar las medidas necesarias para disminuir los efectos del cambio climático, y bien, es lo único que impedirá que dichos efectos nos golpeen más allá de lo que es inevitable. Esto será así en la medida que todos estemos claros de lo que hay que hacer para recuperarnos ante eventos extremos y hayamos ya hecho lo que había que hacer para disminuir nuestras vulnerabilidades—que son muchas y debemos empezar por identificarlas para actuar sobre ellas.

La adaptación al cambio climático no es tarea fácil y no está ni siquiera claro ante qué peligros específicos debemos adaptarnos. No se sabe si mañana nos afectará una ola de calor sin precedentes, o lloverá como nunca antes, o dejará de llover por semanas o meses cuando debía. O tal vez un huracán del Caribe o del Pacífico se formará más al Sur y entrará al país. O los acuíferos costeros se salinizarán generalizadamente. Sin ser alarmista, es necesario tener presente que la crisis se agrava a nivel mundial y no somos la excepción. La adaptación al cambio climático es una forma de vida en que la precaución y la prevención toman precedente sobre la manera más “casual” en que hemos vivido hasta ahora.

Por siglos y más, hemos vivido en una relación en equilibrio con el entorno que nos ha enseñado a programar o racionalizar la mejor disposición de nuestros recursos en aras de salir adelante y seguir avanzando como personas y sociedades. En la medida que se da el cambio climático y sus efectos, el entorno cambia, por ende esa relación con el entorno debe cambiar. Lo que por siglos ha sido la norma ya no lo es y lo será menos a como se agrava la situación. Y el problema no es solamente que el planeta se calienta un poco o que lloverá más o menos en promedio. Ante eso es relativamente fácil adaptarse.

El problema es que se dará una mayor frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos como inundaciones y sequías y olas de calor y huracanes, que no se anuncian, que no se esperan, que no perdonan. ¿Nos estamos preparando bien para enfrentar eso? Francamente, yo preferiría que fuéramos el primer país con un efectivo y bien implementado plan nacional de adaptación, bien consensuado a todo nivel poblacional, que el primer país carbono neutro.

Claro, como muy a menudo sucede, no siempre se puede separar entre adaptación y mitigación y tampoco es necesario hacerlo. De hecho, avanzar en la mitigación es en sí una adaptación y muchas medidas de adaptación contribuyen a la mitigación, como el fomentar la producción y uso de energía alternativa, como la hidroeléctrica y los biocombustibles, que reduce la dependencia en combustibles fósiles importados (una vulnerabilidad) y también reduce las emisiones de gases invernadero.

Por ello, es necesario avanzar en ambos frentes, mitigación y adaptación, en lo que se ha llamado acción climática, y no solamente en uno de ellos, so pena de no estar preparados contra los embates del cambio climático por estar preocupados en detenerloVersión PDF

          Correo-e: ricardo.radulovich@ucr.ac.cr

          Director, Escuela de Ingeniería Agrícola,
          Universidad de Costa Rica


          Diciembre 2015