Gases invernadero (o gases con efecto invernadero):

Son gases presentes en la atmósfera en concentraciones significativas que, mientras dejan entrar la radiación solar atrapan parte de la radiación terrestre saliente, afectando el balance energético planetario hacia aumentos en temperatura. Los gases invernadero de larga vida y concentraciones significativas (o sea de importancia) son: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), son químicamente estables y persisten en la atmósfera durante escalas de tiempo desde décadas hasta siglos o más, de modo que sus emisiones ejercen su influencia en el clima a largo plazo. Los gases de corta vida (por ejemplo, el dióxido de azufre y el monóxido de carbono) son químicamente reactivos y se eliminan por lo general mediante procesos naturales de oxidación en la atmósfera, eliminándolos en la superficie o gracias a la lluvia. Además están los gases fluorinados que no se producen de forma natural, sino que han sido desarrollados por el hombre con fines industriales. El agua en forma de vapor en la atmósfera es en realidad el principal gas invernadero, pero lo ha sido desde siempre y no está cambiando radicalmente su concentración en el aire–no nos preocupa porque la capacidad del aire para retener vapor de agua es limitada. De hecho, también las nubes tienen gran efecto aerosol, y todo ello podrá cambiar con el cambio climático, sobre todo a niveles locales donde puede haber más o menos nubosidad que lo normal.